martes, 12 de enero de 2010

Crónicas de un extranjero. Parte 2.

¿Sabían que el primer derecho con el que nacen los niños, en cualquier parte del mundo, es a una identidad?.
Por eso a medida que uno crece y se desarrolla se hace llamar “Juan”, “Pedro”, “Laura”; o hasta nombres muy sofisticados como “Hermenegildo Carlos María de la Concha Purísima del Perú Pérez González”. Claro que todo depende de lo muy resentidos que hayan sido los progenitores del individuo en cuestión.

En fin, cuando uno reside en otro país, intenta adaptarse lo antes posible al estilo de vida de los baqueanos del lugar. Y sobre todo, se apura por lograr cierto confort, aunque sea el mínimo con el que contaba en su burocrático y complejo país.
Claro que cada una de las comodidades necesita de ciertos “tramitecillos”, nada es tan fácil como creíamos que era en Europa.
Finalmente, luego de varios meses de trabajo decidimos poner una linea telefónica en el departamento y así gozar de las vías de comunicación del primer mundo.

Es sabido que (en Argentina) la empresa “Telefónica”, se encargó de arruinarnos la vida durante mucho tiempo. Nos han estafado cuantas veces quisieron y lo seguirán haciendo hasta el fin de nuestros días.
También es sabido que Telefónica es una empresa española. Por lo tanto, hasta el rey se comunica con Telefónica, y aunque existen infinidad de empresas de comunicaciones si la linea no te la dan ellos no te la da ni el mismísimo papa en persona.
Así que, ¡jodete! Si querés teléfono, contrata a Telefónica que te caga un tiempito y después te cambias de empresa.
Obviamente, como toda jovencilla entusiasta, decido caer en las garras del sistema y traiciono mi sangre zurdita que dice “muerte a las empresas capitalistas”, “digamos NO a Telefónica y a las empresas que arruinaron el país”. En fin, eso es tiempo pasado, ¡¡¡a contratar telefónica y ser feliz!!!

Claro que por residir en el primer mundo el plan es súper económico y si lo contratas por internet no te vacían la cuenta bancaria. Todo parece funcionar como corresponde.
Hay que llenar el formulario de solicitud de linea.

Como todo formulario tiene (*), y en esos campos el dato debe existir o existir, no hay otra posibilidad, y es para todo el mundo igual.
¿A quién se le ocurre no tener los datos con (*)?. A saber: “(*) Primer Apellido”, “(*) Segundo Apellido”, “(*) Nombre”, etc.
Empezamos mal...

No es el primer “tramitecito” que hago y debo inventar un segundo apellido. Claro que mi madre tiene apellido, pero si no me registraron de esa manera, ¿por qué me obligan a usarlo?.
Vengo de fábrica con una falla, mi patente está inconclusa, ¿eso es grabe?. No todo el mundo goza de los privilegios del doble apellido. Y lo más triste es que no soy la única. Es un mal que afecta a millones de personas en todo el mundo. Es gente que logra sobrevivir pese a su deformidad. Es más, a cierta edad nos encariñamos con la deformidad y nos molesta tener que ocultarla.

En el caso del formulario de obra social, registro de conducir, inscripciones varias a lo que sea, he inventado un Capristo Ronconi ó Capristo Capristo (si!, no fui muuuuy creativa)
En este caso, y siendo por internet, no hay forma de obviar el campo de “(*) Segundo Apellido”, así que en un acto de creatividad argentina y obviamente, ofuscada por la obligatoriedad, decido llamarme Capristo Batman, Paula.
Claro que imaginé que este acto de “rebeldía y locura”, me iba a llevar a que se comunicaran conmigo diciendo “señorita Paula, usted es un poco gilipollas, no puede llamarse Batman de apellido. No mienta a una empresa del primer mundo y díganos la verdad. Deje de ocultar su identidad si quiere pertenecer”.

Imaginé mal. Siendo un país cada día más cúbico que cuadrado, decidieron enviarme la bienvenida a la empresa con una muy bonita carta a nombre de Capristo Batman Paula.





No hay comentarios:

Publicar un comentario