sábado, 10 de marzo de 2012

Crónicas de un extranjero. Parte 10.


(David contra Goliat...)
Esto comienza en la “Crónica nº 2: Identidad”. Por aquel entonces estaba recién llegada a una tierra inhóspita, sola con mi maleta, mis trenzas y mi mate (imágen triste con violines y nieve cayendo); y no entendía muy bien el sistema español... lo cual sigo sin entender... y no significa que entienda el argentino, pero me había acostumbrado, que es lo que estoy haciendo con el español... vaya rulo que acabo de dar!
En ése momento logré contratar la línea y adsl con Telefónica, luego me mudé llevando todo al nuevo domicilio (por lo que me cobraron como si hubieran realizado la mudanza del Palacio de Buckingham, que no lo conozco pero imagino que se necesita más de un camión con acoplado) y al año lo dí de baja como corresponde pasando a una compañía bastante más barata y con mejor servicio... de momento...
Resultó que después de no tener más relación con ellos, recibo una factura de casi 3€, pregunto qué coño es eso y me dicen que el teléfono blanco, el aparatito pedorro; “ah no!, que se lo pierdan donde les venga bien”... “bueno, envíelo a tal dirección y le reintegramos los 3€”.... eso mismo hice... por supuesto guardé el comprobante del correo...
Al mes siguiente vuelvo a recibir una factura de casi 3€, llamo nuevamente... “señorita, podría usted amablemente verificar que ha recibido el aparato blanco?”... “si, claro señora Capristo Batman, lo hemos recibido y le reintegraremos el importe que por error hemos debitado de su cuenta”...
Esto se repitió durante 3 meses hasta que mi paciencia, tolerancia y capacidad de entendimiento dijeron “Basta!” y anularon todos los cargos que vinieran por parte de Telefónica hacia mi cuenta... Previamente hice una última llamada que yo también grabé (para asombro del telefonista que me atendió) donde constaba que habían recibido todo, me devolverían el dinero, nunca más tendría problemas y que todos eran unos inútiles, inservibles, estafadores y... lo que sigue sacó al enano facha que vive dentro de mí y se metió con el pobre telefonista, su raza, sexo y creo que hasta su religión... si lo reconozco, la furia es la peor enemiga!...
A partir de ese momento empecé a recibir no sólo la factura de los 3€, también la reclamación de pago porque el banco lo rechazaba... ajá!, los voy a ignorar a tal punto que la famosa cuenta del banco no existe más; las facturas llegaron durante un añito y de pronto dejé de recibirlas...
“Uy, qué bien!, entendieron que todo fue un error, o se cansaron, o se dieron cuenta que como soy Capristo Batman los venceré con mi aliado Robin...” todo eso pensé, y tan tranquila que me quedé...
Después de casi un año y medio desde que empezó todo esto, el 21 de diciembre del 2010 recibo una carta de un estudio de abogados donde me reclaman 20€, el total de la deuda... puedo pagarlos y olvidarme de todo o presentar una reclamación en “Defensa al consumidor” (Música de Batman sarabarabarán con su logo girando...)
Claro que pagarlos sería mucho más fácil y rápido... Acá terminaría la crónica... pero no!!! Por qué les voy a pagar si no les debo nada?!, claro que 20 euros no me hacen ni más rica ni más pobre, pero a ellos los hace más ricos y multiarchimillonarios porque con 20 euritos de cada uno de los millones de clientes que tienen se forran, asique no!... y encima no se los debo!!!
Bueno, después de una serie de improperios contra el pobre Robin, que no tenía nada que ver en todo esto pero osó decir que lo pague y me olvide, que él mismo lo pagaba y se terminaba el asunto; al fin se dio cuenta que una no sólo es obsesiva con estupideces sino también con lo que considera justo y me ignoró...
El día 22 de diciembre (el último del año porque los empleados públicos se van de vacaciones) a las 9 de la mañana, como una súper héroe justiciera me apersono en las oficinas de Defensa al Consumidor, completo un formulario y dejo copia de absolutamente tooooodo lo que había recibido, incluido el comprobante del envío del teléfono... Ahora sí, vamos a tener la fiesta en paz, ya está, el estado me defiende.... puede ser bueno o puede ser malo...
En febrero recibo una carta de la mediación donde puedo contestar, sino dan por terminado todo; dice que Telefónica reconoce que me debe 20€ y me los van a abonar al día siguiente. ¿¡Cómo?! Pero son idiotas?!?!?!?!?!?!?!?!?!
Nuevamente la pobre participación de Robin con “bueno, ya está, no te joden más”... “No!, yo no quiero sus 20 euros, no es lo que reclamé, encima son tan imbéciles que cuando se den cuenta me empiezan a volver loca de nuevo”...
Obviamente contesté diciendo que no solo no recibí nada (porque la cuenta bancaria no existe) sino que no lo voy a recibir porque Telefónica nunca tendrá una nueva cuenta mía.. que mi reclamación no son 20 euros, no reclamo dinero porque las molestias y gastos que me han causado son mucho mayores a esa cifra; quiero que dejen de enviarme facturas que no corresponden y de atosigarme por teléfono; quiero que eliminen mis datos de todas las bases de datos del Grupo Telefónica, quiero que finalice el caso y nunca más por ninguna razón me llegue nada.
Lo cierto es que pasó casi un mes y todavía no recibí nada.... creo que en sus bases de datos incorporaron el estado “LOCA” al lado de mi nombre... en fin, parece que le gané a la bestia!!!

No crean nada de lo aquí narrado. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia....

martes, 6 de marzo de 2012

No es insensibilidad... Es sinceridad...

Parte 4: las ansiosas visitas...

Ya estamos en casa, el refugio donde parece que todo va a mejorar... ya no habrá enfermeras, médicos y asistentas, entrando y saliendo, no habrá golpes de puertas, no habrá compañera de cuarto con sus visitas, no habrá “profesionales” de TU parto, TU cuerpo y TU criatura diciendo cómo hacer las cosas... tantas versiones como “profesionales” entran y salen...

Pues bien, es el momento de extrañar todo eso porque llegan “las viejas de la familia”, ojo! no son las mismas viejas desconocidas bien llamadas “viejas nadies”, ahora son madre, suegra, tías, todo aquel que pisa tu casa y no es amigo pasa a formar parte de esta categoría de visita...

Llegan los consejos, las observaciones y críticas constructivas (en el mejor de los casos); también están las que calladitas nos echan una mirada inquisidora mientras mueven la cabeza diciendo “así no”... siempre desde la buena intención...

Haré una síntesis de alguna de esas delicias que van a llegar a nuestros oídos en un momento así, de lo que nos gustaría contestar y lo que finalmente contestamos... y una vez más, siempre decir “si”, para luego hacer lo que creamos mejor...

“Pero cuánto tiempo que toma la teta, a lo mejor es que no tenés buena leche, estás segura que tenés buena leche?”... Queremos contestar: “toma lo que quiere, es libre demanda, no sé si tengo buena leche, no estoy segura ni de que esto que me succiona 24 horas sea mio, pero si estoy segura de que quiero dormir!!!”... Contestamos: “Siiii, todo está muy bien, encantador, hermoso!!!”

“Si está tanto tiempo en brazos se va a mal acostumbrar y va a terminar siendo una mal criada”... Queremos contestar: “va a estar en brazos todo el tiempo que yo quiera, porque es mi hija y la estoy cargando desde que existe, y no se va a mal acostumbrar porque no tiene costumbres, porque tiene 48 horas de vida y lo único que necesita es estar en mis brazos”... Contestamos: “Siiii, todo está muy bien, encantador, hermoso!!!”

“Está muy delgada y muy blanca, seguro que tu leche es buena”... Queremos contestar: “no, seguro nada, no contraté un seguro de leche buena, para la próxima lo averiguaré”... Contestamos: “Siiii, todo está muy bien, encantador, hermoso!!!”

“Cuando le des biberón se va a poner guapa, ya lo verás”... Queremos contestar: “cómo?! que mi hija no es guapa porque no toma biberón?!”... Contestamos: “Siiii, todo está muy bien, encantador, hermoso!!!”

“Se parece a..” (es en este momento donde pueden empezar las discusiones, cada vieja llevará agua para su molino; obviamente para tu familia política la niña no se parece en nada a vos, es igualita a su padre o a su tío o a la prima del padre, pero a vos, cero... creo que hasta dudan de que sea tuya...) Queremos contestar: “es un pedazo de carrrrrne, arrugado e hinchado, no se parece a nadie!!!”... Contestamos: “Siiii, todo está muy bien, encantador, hermoso!!!”

“No la pongas así para sacarle los gases, es muy pequeña y le va a hacer mal”... Queremos contestar: “así me lo aconsejaron en el hospital, así lo hice toda la vida cuando cuidé niños, y así se queda tranquila y deja de gritar”... Contestamos: “Siiii, todo está muy bien, encantador, hermoso!!!”

“Por qué duerme así?, es muy chica para estar en esa posición”... Queremos contestar: “ella sola se pone en esa posición, voy a ser tan cruel de despertarla porque no me gusta su posición?!”... Contestamos: “Siiii, todo está muy bien, encantador, hermoso!!!”

“Cuidado con la cabecita, cuidado eh, cuidado!”... Queremos contestar: “es que estoy pensando en desnucarla, a ver qué se siente, nunca maté un pollo y pienso que debe ser algo parecido”... Contestamos: “Siiii, todo está muy bien, encantador, hermoso!!!”

“Si duerme en tu cama se va a mal acostumbrar, entre los brazos y tu cama, dios mio!”... Queremos contestar: “otra vez con eso?!, leé la respuesta que le di al último que me habló de mal acostumbrar”... Contestamos: “Siiii, todo está muy bien, encantador, hermoso!!!”

“Pero no la bañás?, así nunca va a tener rutinas”... Queremos contestar: “realmente creés que con 48 horas de vida ésto que es un trozo de carne puede incorporar alguna rutina?!, creo que estás esperando mucho”... Contestamos: “Siiii, todo está muy bien, encantador, hermoso!!!”

“Eso que le pasa es...” (según qué vieja puede cambiar, algunas insisten con la palabra “cólico” otras con “hambre”, están las que se inclinan por “capricho”, tantas corrientes como viejas...) Queremos contestar: “lo que le pasa va a ser lo que yo diga que le pasa!!!”... Contestamos: “Siiii, todo está muy bien, encantador, hermoso!!!”

“Estás así porque es el primero, con el segundo todo cambia”... Queremos contestar: “después de estar cosida como un matambre, de no poder sentarme, de llorar de dolor, de tener un bicho succionando mis tetas 24 horas, de no dormir, no poder ni bañarme solita y sentirme más fea que "Bety la fea"; creés que habrá segundo???”... Contestamos... ya saben lo que contestamos...

Demás está decir que desde el momento en que nace nuestra descendencia pasamos a ser unas completas inútiles para todas las viejas de la familia... El tema “teta” empieza a ser un tema público... dos tetas equivalen a más de 60 personas opinando: 15 parientes, 8 amigos, 5 esposas o maridos de esos amigos, 20 conocidos, 3 médicos, 4 enfermeras, 2 farmacéuticos, 10 taxistas y 3 cajeras de supermercado... hasta se generan debates sobre TUS tetas...

Está claro que no tenemos experiencia, ni aunque tengamos 15 hijos, creo que nunca vamos a saber "qué está bien”, cada hijo es diferente, cada parto y cada momento; son tan maravillosos y únicos como diferentes... lo que sí está claro es que la madre es la única que sabe lo que es mejor y no porque haya leído cientos de libros, sino porque es la que instintivamente “sabe” lo que necesita su cachorro... es lo único que me queda claro de todo esto; así como lo necesario que es para nosotras la escucha y la compañía de esas “viejas”... y “el acompañante?”... hablaremos de él en el próximo capítulo...


miércoles, 23 de noviembre de 2011

No es insensibilidad, es sinceridad. Parte 3

El gran día

Llegó el momento que todos estábamos esperando. El día por el que la gente te llama ansiosa desde hace dos semanas y te preguntan “¿y?”, ¿qué se debería responder?, “¿y qué?, todavía nada”. ¡Grave error!, nunca decir eso, es el momento en que empiezan los consejos absurdos “caminá mucho y saltá, que así baja”, “sí, claro, hace 40 grados y peso 23 kilos más, mejor voy a trotar levantando las rodillas al pecho y de paso unos abdominales”. ¡¿Hay que aclarar que cuesta respirar?! 
Un consejo queridas amiguitas, nunca decir la fecha probable de parto, ¡nunca!, si tu fecha es el 1, decir que es el 15; y que piensen que se adelantó o que piensen lo que quieran, pero no te llamarán preguntando “¿y?”.

Ahora bien, si se rompe la bolsa de madrugada, es algo así como ir al baño y mear antes de que uno quiera mear, o mejor dicho, uno se mea en la cama y mientras su pareja salta y rebota por las paredes del cuarto preguntando “¿hay que ir al hospital?; ¿ya está?, ¿ahí viene?, ¿vamos aparir?; ¿mañana no curro?; ¿llamo al taxi?”. En mi caso, afloró mi instinto obsesivo y atiné a decir: “traeme la toalla más viejita que no quiero que se ensucie el colchón y dame la mano para que me levante” (no olvidemos que somos como una gran ballena que cuando se acuesta no puede incorporarse) y segundos más tarde “me tengo que vestir y lavar los dientes”, “si no me lavo los dientes no me muevo de casa”. Hay que aprovechar hasta el último minuto de capricho que se nos va a permitir.

Otro momento significativo lo recordé cuando vi la factura de casi cien euros de móvil. ¿Cómo se llega a eso?, muy fácil. Si usted está acompañando a su mujer a parir, y ella está con muchas drogas encima y se le ocurre pedirle el móvil “es que estoy aburrida, así dejo preparada la lista de contactos para después del nacimiento”. Bajo ningún punto de vista entregue el móvil. Mucha gente recibió un mensaje en blanco, pero muuucha gente; señor “papá” tenga paciencia y distraiga a su mujer de otra manera, la que sea más barata.

Un consejo más, en algunas listas o libros para embarazadas lo dice, hay que llevar cámara de fotos, en nuestro caso fue una experiencia inigualable. Ni bien llegamos tuvimos que esperar, siempre hay que esperar, hasta que no se puede esperar más y ahí, en ese preciso momento es cuando una se da cuenta que realmente está de parto. Mientras se espera que llegue la matrona y revise, que llegue la enfermera y coloque la oxitocina (para acelerar el parto), que lleguen las contracciones, que llegue la anestesia, ¡que llegue la anestesista!. En fin, una larga lista de momentos de espera después de diez meses de espera.


En estos ratos de aburrimiento y no saber qué hacer, decidimos hacernos fotos. Qué guay, tenemos la serie: “posando en el paritorio” y obviamente, una vez nacida la chica, “papá” decide hacerle fotos. Ninguna de cuerpo entero, tenemos fotos de una mano, la panza, un dedo, un pedazo de oreja; igual que en las ecografías pero con color. No olvide señora embarazada, la cámara de fotos puede dar mucho de sí en un momento tan intenso.


Todos estos momentos de relajación y divertimento se acaban cuando deciden que la anestesia se fue y una evoluciona favorablemente; y nos llevan a la habitación. No fueron tantas las visitas en el hospital como para que las critique (ja!, se salvaron de esta), el coñazo del siglo son los enfermeros (que con cada cambio de turno se vienen a presentar), médicos, gente de limpieza, la familia de la otra paciente... Eso fue lo mejor, la gente que venía a ver a la compañera de habitación y se me acercaban a la cama preguntando “¿qué tal estás?”, “¿qué coño te importa?, estoy recién parida y lo que menos quiero es hablar con usted que es nadie!!!!”. Y por supuesto las enfermeras que agarran al pedazo de carne, lo moldean, con otra mano agarran la teta, la apretujan y ponen al bicho en la teta,  “señora enfermera, por qué no se apretuja la parte que más le guste de SU cuerpo y me deja en paz, a mí y a mi pichón que estaba dormido y usted, bruta, la acaba de despertar con un sobresalto?!?!”. 

Demás está decir que son momentos en los que una se altera con más facilidad.
Menos mal que fueron solo 48 horas, aunque parecieron 7 años en el Tibet.
Todo lo que sigue es un parto más o menos común a todos los partos; eso sí, no es de película, ni lo que se presume que va a pasar en el curso preparto. Es una sorpresa absoluta, más mágico que en la escuela de Harry Potter, no hay palabras que lo puedan describir asique dejo de escribir hasta la próxima.




martes, 1 de noviembre de 2011

Aceptemos nuestra ignorancia

De pronto me encuentro ante un cuestionario en el cual respondo el primer “no sé” y eso me lleva a una serie ininterrumpida de “no sé”. Después de unos minutos diciendo las mismas dos palabras me doy cuenta que es muy fácil desentenderse de algo.

Quiero aclarar que no me hice la boluda, realmente no sabía lo que me estaban preguntando. Pero, en el caso que sí supiera las respuestas, podría haber contestado “no sé” y “no comprometerme” o simplemente tema concluido.

Esto me lleva a pensar en la gente que no sabe decir “no sé”, esa gente que cree que lo sabe tooodo, desde cómo follan las avispas hasta cuántos amigos tiene el dueño de facebook; tienen respuestas para las preguntas retóricas. Estos seres tan especiales, ¿no se dan cuenta que no saber, es más fácil, más fluido y menos cansino para el que los escucha?

Si después de todo, lo más “normal” es que no tengamos las respuestas a todo, y lo más divertido es cuando inventamos eso que desconocemos. Esta gente no solo se inventa la respuesta convencida de que es así, sino que ponen en duda la verdad del otro antes de admitir que no saben.

¡Señores!, acepten la ignorancia que les toca, basta del sabelotodismo innecesario!!!



miércoles, 19 de octubre de 2011

No es insensibilidad, es sinceridad. Parte 2

Momentos previos al parto

Estoy de vuelta después de unos cuantos meses en los que no pude sentarme a escribir, ni mi cuerpo ni mi cerebro estaban en condiciones. Ahora que lo veo a la distancia, creo que tendría que haber compartido ése momento.

Lejos de convertirse éste, en un blog sobre maternidad, consejos y mujeres vestidas de blanco hablando en diminutivo; una vez más “No es insensibilidad, es sinceridad”.

Dentro de los momentos previos al parto es muy importante mencionar el famosísimo curso pre-parto. En ésta preparación tan constructiva para los primerizos padres, se hablan temas tan trascendentales como el jabón con el que se lavará la ropa del futuro retoño. Está muy bien que lo digan porque no todas lo sabemos, de hecho, es algo en lo que no hubiera pensado hasta que no lo han dicho. Pero, de ahí a debatir y llegar a 40 minutos con el tema me parece un exceso, dan ganas de pararse y gritar “usá el jabón que quieras, pelotuda, ¡es un puto jabón!. ¡Y éstas sillas nos van a romper las caderas a todas!”.

Tampoco es necesario que la matrona que prepara el curso nos hable como si fuésemos infradotadas, estamos embarazadas y el nivel intelectual no desciende por el crecimiento del vientre. Por lo menos no está demostrado científicamente, aunque con ciertos comentarios no sé qué pensar. “No quiero que me rasuren a la hora de parir”. “Señora, usted va a parir y la cabeza de su criatura debe salir por un lugar donde se pueda ver, hay que podar!”

Creo que si hubiera sabido antes lo que iba a pasar en la preparación, a lo mejor no me preparaba. Eso de enseñar a respirar, saber cuándo pujar, que “papá” corte el cordón y que “mamá” termine de sacar al niño; son cosas muy bonitas que se ven en las películas y un porcentaje bajísimo de parejas logran hacer, el resto la rema como puede. Básicamente el curso nos sirvió para aburrirnos y asustarnos; uno sabe que va a ser doloroso, no es necesario insistir taaanto en el tema, en ése caso prefiero sorprenderme y dejar de teorizar al respecto.

Dentro de estos momentos previos, tengo que destacar la participación de “las viejas” desconocidas, que ya son parte de mi vida, son una institución, todavía no sé si las admiro por esa inmunidad con la que se mueven socialmente o las odio por esa falta de sentido común. Parece que a medida que pasa el tiempo se va perdiendo el criterio y aumenta el descaro.
Estas mujeres (vecinas, dependientas, compañeras de sala de espera, la que te empuja en la cola del mercado, etc) están por todos lados y cada vez que te ven se encargan de vaticinar si tu panza será niño o niña. “Señora, estoy de 8 meses, ¿no cree que la tecnología ya se encargó de asegurar de qué sexo será?”. Parece que no les alcanza, si ellas dicen la panza es redonda es una niña, si la panza es puntiaguda es niño, y si el ecógrafo dijo que era niña pero tenés panza puntiaguda; “no sabe nada, se equivocó” y agregan “que te repitan el estudio, no vaya a ser niño y tenés todo rosa”. ¡¿ROSA?! ¡¿por qué?!, ¡odio el rosa! “el rosa es muy bonito, es un signo de que es niña”. ¿De qué siglo es esa norma social?

También te preguntan con todo el atrevimiento cuánto aumentaste de peso, y eso puede desencadenar en “es mucho, debe ser un bebé grande, (y mirándote como si vieran morir a su mascota) pobre.” ó “¿nada más, estás segura que el bebé está bien?” ó “¿tanto?, no tenés tanta panza, ¿estás segura que estás de 8 meses?”. Una, además de ser una boluda que no sabe ni si quiera la última regla que tuvo, queda como temblando frente al “pobre”, ¡significa que el chico es enorme! o se come la cabeza durante unos minutos pensando “¿estará bien?”, y otra vez, ¿estará bien hecha la ecografía?.

Cuando empiezan los consejos es mejor huir o fingir estar muy cansada, aunque de los básicos no nos vamos a librar: “tenés que caminar mucho, beber mucho líquido, poner los pies en alto, comé sano, no salgas que hace mucho calor.” ¿Hay que aclararle que ya me manejo solita por la vida como para que me diga lo que tengo que hacer?. Lo ideal sería decirle que “muchas gracias por su preocupación, pero dado que usted es nadie en mi vida, le voy a decir a todo que “si” y seguiré mi camino” antes tendré que escuchar las anécdotas y desgracias de todas las mujeres que la vecina conoce y que han parido recientemente.
En un momento así, ¿por qué una no puede mandar a tomar por culo a todo el que opina sin pedir permiso?, se supone que una está mucho más sensible y se le puede perdonar la insolencia. Lo curioso es que se perdona la insolencia de la vieja y “la gordita” pasa a ser la loca con las hormonas alteradas.

Se va acercando el final de una de las charlas más fingidas de tu vida cuando sin quererlo te encontrás escuchando: “el miércoles es luna llena, seguro que parís” ó “va a llover y eso te puede adelantar el parto” ó “si caminás ligerito unos dos kilómetros seguro que baja el niño y nace” ó “qué baja está la panza, no pasa de mañana”. Resulta que unas completas desconocidas saben cuándo tu vástago va a decidir que está incómodo entre tus entrañas y vos de pronto te encontrás planificando para el miércoles salir a caminar apuntando la panza a la luna bajo la lluvia.




martes, 14 de junio de 2011

Error consentido y sin sentido

Llevo unos cuantos meses visitando médicos y como si fuera una novedad y nunca antes lo hubiera visto está la tan odiada e irritante “sala de espera”.

Se supone que si nos dieron cita con fecha y hora, no deberíamos esperar; aunque es verdad que no todos demoramos el mismo tiempo cuando entramos, pero si al llegar a tu hora hay cuatro tipos antes que vos, algo va mal.

El tema del tiempo del turno tendría que ir de acuerdo al médico pero ese es otro tema que trataré más adelante.
En la odiada sala de espera, además de la música horrible que acompaña a un televisor en silencio con un programa matutino de tertulianos ó noticias; podemos encontrar revistas viejas que se podrían catalogar dentro del juego “marque lo que no corresponde”. Por ejemplo: vas al dentista y tiene las típicas de cotilleo/choluleo, la del Clarín/El País y de aeromodelismo; en el ginecólogo encontrás las mismas de cotilleos, semanal y “Caza y pesca”. Obviamente las que “no corresponden” están casi nuevas, se vé que las hojeó el que las pagó y nadie más.

El tema decoración es muy amplio, pero con sólo mencionar a los cuadros que seguramente pintó el médico en cuestión, los almohadones tejidos de las sillas anti-comodidad, las fuentes de feng shui o las estatuillas de angelitos; ya sabemos a qué me refiero.
La pregunta es, y perdón por la insistencia, ¿por qué todos los pacientes (que somos mayoría) tenemos que esperar y el médico (que claramente es minoría), no?. Está clara la respuesta, él estudió y nosotros no.

Y hablando del tipo que estudió, tenemos varias clases o categorías:
Clase A ó “HdP”: te ignora, no te responde ni el “buenos días”. Si le pedís que te tome la presión/tensión te manda a pedir cita a la enfermera y esperarla, lo que hace que en 40 minutos más puedas desmayarte. No sonríe ni por miles de euros, en lugar de corazón tiene un pedacito de glaciar, no lloró ni cuando el rey león quedó huérfano, el Dr. House es un tierno al lado suyo.
Atiende un paciente por minuto, puede entrar en el libro guinness; así y todo tiene gente que espera, pero es culpa de los pacientes que contamos los síntomas y lo demoramos. Jamás dará un diagnóstico ó explicación, te medica y si te gusta bien y sino andate que tiene gente.

Clase B ó “A reprimido” ó “C moderado”: son la mayoría. Siempre tiene gente esperando, suele ser amable, pregunta síntomas y da mínimas explicaciones.
Demuestran todo el tiempo que están apurados y tienen que atender a mucha gente pero se esfuerzan por ser amables. Se levantan antes que uno de la silla y te abren la puerta, si tenías dudas buscalas en internet, no hay tiempo!

Clase C ó “Yo soy tu amigo fiel”: la espera puede ser de más de una hora. Son muy minoría. Cuando entrás te sonríe, te hace poner cómoda, se acuerda tu nombre, pregunta tus síntomas, quiere saber sobre tu familia y se preocupa por ellos. Te aconseja, te dan ganas de esperarlo a la salida y seguir charlando con él con una cervecita de por medio, que te cuente su vida y filosofar juntos.


Para terminar con la maldición del lugar del error, podemos encontrar distintos tipos de acompañantes en la espera. A saber: la típica vieja que busca conversación todo el tiempo con quien sea; la que se queja constantemente porque el aire acondicionado está a una temperatura que no es la suya; el que se llevó un libro y pasa a ser un genio porque ignora todo lo demás; la mina histérica que se altera porque tiene que esperar y le infla las pelotas al marido para que vaya y se queje a la secretaria; y la que observa todo y putea porque no se llevó libro, escucha a las viejas y encima espera a un clase A... ¡me voy que me llaman!







miércoles, 1 de junio de 2011

Crónicas de un extranjero. Parte 9.

Hace un tiempo pasé muchas tardes en una YPF (ubicada a unos quinientos o seiscientos metros del Congreso de la Nación de la Capital Federal) llena, abarrotada, hasta arriba; de conductores de taxi, tacheros, taxistas y demás apodos.

No estaba sola, éramos dos seres descubriendo nuevos comportamientos de esta raza extraña. Una tarde nos dimos cuenta que todos los llamábamos “peronistas” (por sus modales), pero se nos escapaba cierto detalle: ¿de qué habla esta especie entre sí?.
Algunos arriesgaron de fútbol, otros apostaron por la televisión pedorra, ó las mujeres, los coches, asados, etc. Todos se equivocaron, ¡hablan de calles!. Por donde llevaron o trajeron a alguien, cuánto cobraron; cuál calle estaba cortada y cuál no; quién aguantó más en un atasco, etc.

Otro aspecto destacable de esta especie, es que siempre se comunican a los gritos. La gran mayoría camina sacando pecho con los brazos hacia atrás, como incitando a la pelea, igual que Maradona.  Cada vez que te metes en su cubículo se creen los reyes del mambo, son dios; como Maradona. Sienten que fueron elegidos entre millones de millones que abundan en la ciudad; y sienten que esa elección es porque son los mejores y la tienen más grande, y no porque fue el primero que pasó y al peatón ni le importa quién sea.

Algo que aún se está analizando en el laboratorio, donde se encuentran estos “bichos” de distintas nacionalidades, es esa “casi” innata vocación por llevarte a recorrer los lugares pasando largas horas, días y semanas con ellos; mientras el marcador sigue contando los miles de pesos, euros, dólares que tendrás que pagarles a la hora de la despedida. Ojo, en ese momento nunca jamás van a tener el cambio necesario, siempre te darán menos o se confundirán. Es increíble que sean de la nacionalidad que sean, llevan en la sangre la cuestión de recorrer y cobrar más, son cosas que van de la mano; así como los perros nacen sabiendo nadar, es mas o menos lo mismo.

Ahora bien, a esta altura estarán pensando que he dicho todo, pero no quiero terminar la crónica sin antes detenerme en mi última experiencia.
Luego de pedir un taxi por teléfono y haber recibido tres llamadas por parte de la conductora porque no encontraba la calle, fuimos a su encuentro.
Al vernos nos regaña contundentemente porque vivimos en una calle que se corta por una peatonal y ella, no se dio cuenta de que la calle continúa del otro lado de la peatonal. Esta mujer es lo más parecido a king kong femenino. 
Ni bien subir empieza a hablar. Fue un viaje de cuarenta minutos con una voz femenina constante. Lo único que recuerdo es que por alguna razón sé que comió huevos fritos con papas fritas el día de noche vieja; que se murió su madre cuando era pequeña; que no le gustan las navidades y el próximo año se va al país de los "infieles" (Marruecos) para no pasar las fiestas; porque ella es muy católica aunque esté a favor del aborto; y tampoco es facha como el PP; que su marido no la ayuda en la casa; que era guía turística pero con la crisis tuvo que manejar un taxi; que los infieles serán muy pintorescos pero te ponen una bomba y cagaste. ¡Por favor! ¡Auxilio!, no puedo continuar escribiendo, me agoté al recordarlo...